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“Existe vida más allá de McDonald’s”

Tenemos un nuevo MAGASAND en la ciudad, gran noticia. Muchos (vestidos con traje y corbata) lo recordarán por las rápidas comidas en los ‘breaks’ del trabajo, otros por esos momentos en los que necesitas algo “sano” que llevarte a la boca y el resto por puro “healthy-postureo” (sí, sí, todos esos que ven en el color y la estética de los platos de Magasand una gran foto para sus perfiles de Instagram). La historia de Magasand comienza allá por el año 2008 en el (ahora, concurrido) barrio de Las Salesas, cuando todavía sus vecinos buscaban un nombre (al estilo NYC) para ese conjunto de calles que se han convertido en el ‘Soho’ madrileño (como muchos lo han denominado). El creador de este “conceptazo” (una auténtica novedad para la ciudad, en 2008) es Mariano Cavero, que toma el ‘background’ de sus temporadas en Londres o en Estados Unidos como impulso (altamente creativo) para poner en marcha esta idea que rondaba en su cabeza. Y nos remontamos a un momento en el que “lo healthy” (ese estilo de vida tan demandado, hoy) todavía no había llegado a Madrid. Magasand irrumpió en la vida de los ‘foodies’ (aunque tampoco sabemos si, en 2008, existía el termino ‘foodie’) como un novedoso formato de comida rápida pero que nada tenía que ver con la idea de “fast food” que por aquel entonces rondaba nuestras cabezas (véase grandes candenas de comida rápida). Magasand llegó para dar un giro en el servicio y la calidad de sus productos y materias primas, siempre de primera. El primer local abrió en la escondida Travesía de San Mateo, 16 (en Alonso Martínez), el segundo en la calle Columela, 4 (a dos pasos de Serrano, en pleno barrio de Salamanca) y la última, recién inaugurada, en la zona de Delicias (calle Tomás Bretón, 52). ¿Quieres descifrar la fórmula (secreta) de MAGASAND?

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El nuevo Magasand (calle Tomás Breton, 52)

1.- Un nombre que suena “healthy”. Y, ¿cómo es eso de que un nombre suene “healthy”?, te estarás preguntando. Pues bien, hagamos una prueba. Repite con nosotros (pausadamente): “Magasand, Magasand, Magasand”. ¿No te resulta un nombre relajante (en boca, como el vino)? Bueno, suponemos que en este preciso momento estamos inventando una nueva tipología de nombres: los nombres relajantes. Pero sí, es cierto que el nombre ‘Magasand’ no es demasiado obvio, no es tosco, ni agresivo. Es un nombre delicado, calmo y relajante (al menos, para nosotros). Hasta en el nombre hay que estar acertados.

2.- Interiorismos en los que “ni sobra ni falta nada”. Cada Magasand, y ya son tres en la ciudad, posee locales que comparten mucho, pero que en forma y distribución resultan totalmente diferentes (y en esto también tiene mucho que ver sus estratégicas ubicaciones). El mobiliario siempre es muy natural y poco cargado, espacios con aires nórdicos (algo de nuevo totalmente novedoso, allá por 2008, en Madrid). En definitiva buenas calidades en los materiales, colores neutros y todo ideado bajo la premisa de la comodidad, muy importante para Magasand. Y también, algo que no estaba demasiado aceptado y que Magasand ha defendido desde sus inicios son las mesas compartidas. Es el caso, por ejemplo, de la larga mesa de madera que poseen en la mágica planta baja de su local de Columela o la mesa negra de su nuevo local en la zona de Delicias, decorado por el Ventura Estudio. A Magasand no sólo se va a disfrutar de la comida sana, también es un espacio en el que desconectar del ruido de la ciudad y relajarse. Que nada estorbe, que nada moleste.

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Zumo + Ensalada + Bocadillo

3.- Zumos naturales de frutas y verduras (altamente ‘instagramizables’). Es uno de sus productos estrella, aquí la cuestión es acompañar las comidas (y comenzarlas también) con los zumos (o smothies) de frutas/verduras. Son realizados en el momento, con el mejor producto natural. Las combinaciones, en ocasiones, suenan altamente complicadas (para el que esté acostumbrado al sencillo y aburrido zumo de naranja), pero la realidad es que son redondas y están muy ricas. ¿Nuestro favorito? Apio + Zanahoria + Manzana + Gengibre.

4.- Sándwiches, su especialidad. A modo de entrante, deberás comenzar con sus ensaladas (muy completas y variadas, nuestra favorita: “la señora de pollo”: con verde, pollo asado, tomate cherry, croutons y vinagreta César). Sus sándwiches se han convertido en la obsesión (SANA obsesión) de todos esos magasandianos que peregrinan cada semana hasta la barra de su local más cercano para hacerse con uno de ellos. Y sí, debemos reconocer: nosotros estamos enganchados a su “Pavito”, un sándwich con pan de cereales, pechuga de pavo, setas confitadas, parmesano (aunque nosotros lo retiramos) y miel y mostaza.

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Una decoración industrial, la de Ventura Estudio para Magasand

5.- Revistas difíciles de encontrar en los quioscos. Este es otro de los aciertos-Magasand (todo junto), así podríamos llamarlos (porque no son pocos). Todos sus locales ofrecen una cuidada (y pensada) selección de “todas esas revistas difíciles de encontrar en los quioscos habituales”. Publicaciones, en su mayoría internacionales, que posiblemente conocerás o de las que tu amigo (el más listillo del grupo) te haya hablado en alguna ocasión. Apartamento Magazine, Kinfolk, Cereal, Elephant Magazine o Purple Magazine. ¿Nuestro último descubrimiento? En nuestra visita a la nueva apertura de Magasand descubrimos ‘The Gourmand’, una revista que decía algo así como: “A food and culture journal”. No pudimos evitarlo, nos la llevamos (porque sí, se venden).

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El rincón de las revistas, todas esas revistas que son difíciles de encontrar en los quioscos (habituales)

Este artículo apareció originalmente en el blog Que no me la den con queso, de Harpers Bazaar España, en la URL: http://quenomeladenconqueso.blogs.harpersbazaar.es/2016/01/19/la-formula-magasand/

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